El maestro recibe al extraviado

Lo que importa son los ojos que no ven, la habitación que duerme bajo llave. Hasta el aire palpita y se estremece. Se abre ese ojo ardiente que llevo en mis adentros y me susurra voces y nieblas y espíritus que luego vuelan sueltos. Todo se encamina hacia la noche; se cruza y se descruza la serpiente del ser. Florece mi pregunta. La libero como a un animal que vuelve a la manada. Quiero que te abras, cielo, y cielo del abismo, para que la recibas y reflejes con el color del mundo las respuestas posibles. Voy a cuidarlas hasta que cobren formas que me signifiquen y hagan de mí otra o renovada. Y quiero darte gracias, consejero de fuerzas y de mutaciones, por traerme semejante altar a los labios para que yo bebiera hasta quedar vacía.

Lo que pasa en el cielo

lo que pasa en el cielo

Vuela el pájaro y trae la muerte que viene del cielo,
aterriza el meteoro y trae la muerte que viene del cielo.
Nunca ha existido salvación,
comprendieron quizás los dinosaurios antes de extinguirse.
Miles de kilotones y milenios más tarde,
Sophie levantaba los brazos hacia el blitz en Whitechapel
como rezando entre luces navideñas,
entre petardos cada vez más feroces:
al amanecer todo el barrio un pesebre
donde la niña destrucción se presentaba al mundo.

Alguna vez el Sol va a tragarse la Tierra,
nada más natural hay en el cosmos. Si hay salvación,
es la del cedro que reconoce sus vetas en la viga.

Lleno de sangre está el buitre radiante
que sobrevuela para siempre Hiroshima,
lleno de posibilidades su graznido,
su mierda fungiforme, su prole de leucemia.
Prolifera en secreto el ave roc,
en Pakistán sus ojos, sus ojivas en India,
o el pájaro trueno de New Mexico
que ruge su atómica amenaza
en las profundidades del desierto
hacia todos los frentes extranjeros.

Vuela el dragón y trae la muerte
en canasta de llamas;
era sabiduría popular en tiempos
de la espada y de la hoguera.
Como brotes de magia acaecían las piedras,
las antorchas, las flechas encendidas
sobre las murallas, la maldición mecánica
de las catapultas y no llovía más que angustia
en los graneros. Tan hermosa, tan cruel es la llovizna.
Tantas balas llovieron sobre Bélgica,
tanto napalm sobre los vietnamitas,
tanto pesticida en el cereal pampeano,
tantos cañonazos sobre la Costa de Oro,
tantas manos tiznadas de esperanza
elevamos frenéticos cuando el peligro acucia.
Dicen los textos considerados santos
que cayó azufre ardiente en Sodoma y Gomorra
y el Diluvio aniquiló a las criaturas hijas del amor
y del instinto. Será que nunca ha existido salvación.
El dromon bizantino condenaba al infiel
en un incendio químico y aún hoy
los mesiánicos drones liberan sus Hellfires
sobre la piel del Islam.

Vendrán desde la altura las langostas, los enjambres robóticos,
la inmigración marciana, los dioses ancestrales cefalópodos
aliados en su hambre de un trozo de planeta,
sin contar el granizo, el huracán,
las tormentas eléctricas sobre las torres telefónicas,
los vuelos kamikazes sobre las torres corporativas.
Todo lo acontece sobre la bestia humana
la que da a luz y ríe y pela una naranja,
la que contempla aterrada su destino
y alza la vista hacia la divinidad incomprensible
de la muerte.

Vendrán luego los cuervos y microbios
a actualizar la biósfera transformando felices
nuestra carne en arbustos de frutos amigables,
en el nogal que extiende, como Sophie, sus brazos hacia el cielo,
en sus nueces y en la ardilla mutante que devora las nueces,
en cada camada mejor que la anterior,
más precisa, más hermosa de la hermosura verdadera.

Rita Gonzalez Hesaynes

 

El Huésped Incierto (Edward Gorey)

Como me gusta muchísimo la obra de Edward Gorey, me senté un día a traducir su poema ilustrado The Doubtful Guest. En el original, los versos son pareados dodecasílabos de rima consonante. En la traducción, no: para mantener el mayor balance posible entre sentido, métrica y rima tuve que tomarme algunas licencias.

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¿No les hace acordar un poco al Cuervo de Poe?

The Doubtful Guest fue publicado por primera vez en 1957. Muchas de las obras de Gorey nos introducen a un mundo anticuado (que nos recuerda a la Inglaterra eduardiana) y sutilmente tenebroso, a veces infantil, y casi siempre sujeto a la aparición inexplicable de elementos fantásticos o, por lo menos, siniestros. La mayoría de las ilustraciones carecen por completo de color. Abundan los contrastes fuertes (a veces en claroscuro) y la diversidad de texturas y patrones, como las rayas. Caben pocas dudas de que Gorey constituye una influencia enorme para Tim Burton, no solo en su veta cinematográfica, sino sobre todo en sus dibujos y su libro de poesía ilustrada The Melancholy Death of Oyster Boy & Other Stories (La Melancólica Muerte del Chico Ostra y Otras Historias).

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Edward Gorey, que amaba usar anillos y sacones de piel, dijo en una entrevista: “No veo disparidad entre mis libros y el día a día. Escribo sobre la vida cotidiana“.

Muerte y resurrección de la Manic Pixie

[ATENCIÓN: este post contiene spoilers de la película I Origins, de Mike Cahill]

¿Quién no se encontró con una Manic Pixie alguna vez? Así, Manic Pixie Dream Girl, fue como llamó el crítico de cine Nathan Rabin a un arquetipo o tropo narrativo con el que nos estuvo alimentando de lo lindo, y en sus más diversas variaciones, la ficción contemporánea. Algo así como la versión rebajada y edulcorada del viejo trickster.

Todo comienza cuando el protagonista masculino, un tipo común y corriente, cae víctima de alguna crisis o problema existencial (cortó con la novia, se murió el padre, pintó la melancolía, perdió el laburo, etc., o todo esto junto), pero el azar lo lleva a conocer a una chica hermosa, excéntrica y ridículamente espontánea que lo ayuda a abrirse y volver a enamorarse de la vida. Si el Cambio mismo encarnara en una persona, sería ella. Sin que el protagonista haga NADA que lo amerite, la Manic Pixie se encapricha y se enamora de él solo para que la historia avance. En la vida de ella no parece haber otro objetivo que encaminarlo a él hacia la felicidad. Al principio la relación parece paradisíaca, pero el conflicto no se hace esperar: por lo general, cuando el protagonista ya se transformó lo suficiente para reencauzar su vida y tiene que tomar una decisión. Hay dos grandes tipos de desenlace:
1) Él se queda con ella y espera que la rutina la normalice (una vez que su constante ruptura de la normalidad ya no es necesaria para él, es ella la que tiene que cambiar de personalidad, de nuevo para satisfacerlo a él).
2) Desaparición de la Manic Pixie por ruptura de la relación o muerte de la muchacha (úsela y tírela).

Hay manera más o menos interesantes de contar esta historia, aunque creo que ya estamos todo un poco hartos del tema. La versión más insufrible vendría a ser Elizabethtown y una de las más interesantes y metalaburadas (porque la propia Manic Pixie habla justamente de cómo la encasillan en este rol) es Eternal Sunshine of the Spotless Mind.

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Pero todo esto viene porque hace poco vi una película, I Origins, que hace un uso peculiar de la Manic Pixie. El protagonista, Ian Gray, es un científico muy racional y muy ateo que está investigando la evolución del ojo para, entre otras cosas, refutar la noción de ‘diseño inteligente‘. Pero pasa lo que tenía que pasar. En medio de una fiesta de Halloween, él se encuentra con una chica enmascarada que lo fascina y le saca una foto a sus -preciosos- ojos, se encierran en el baño para coger y… ella se va, de la nada, porque es típico de Manic Pixie (la explicación que da luego es un disparate). Acá hay una variante porque es él el que se encapricha con ella, pero lo cierto es que empiezan a salir y ella no puede más de Manic Pixie y obviamente encarna el costado de la “espiritualidad” que termina chocando contra el empirismo del protagonista.

Mientras tanto, Ian empieza a realizar trabajo de laboratorio con una estudiante, intelectualmente muy parecida a él: fría, inteligente e hipereficiente. Toda la situación grita “La Otra”. El contraste entre ambas mujeres es tan grotesco que cuando Sofi (la Manic Pixie) visita el laboratorio, literalmente ROMPE FRASCOS DE FORMOL porque es espontánea, es decir torpe.

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En fin, vamos por aproximadamente una hora de la película y ellos están a punto de casarse (una idea miserable, porque no se llevan muy bien que digamos), cuando Sofi muere en un accidente (sí, muere, y no en el desenlace, como en Autumn in New York o Sweet November), y el protagonista, que evidentemente ardía de ganas de matrimonio, se casa, obviamente, con La Otra. En ese momento me puse contenta, porque la trama había dado un vuelco (punto de giro, sí sí), la Manic Pixie ya no existía más y todavía faltaba la mitad de la película.

Mis ilusiones fueron apenas fruto de la más profunda ingenuidad. Al final de la película, Ian descubre a una nenita de la India que vive de la asistencia social y tiene EXACTAMENTE el mismo patrón de ojos que la Manic Pixie muerta. Ya se había hecho mucho énfasis en que no hay dos personas en todo el mundo con el mismo patrón. ¿Se trata de la misma persona, reencarnada? Todo apunta a que vuelve, esta vez en forma de fichas. Lo que parecía una vuelta de tuerca interesante desemboca en una duplicación del arquetipo, que termina siendo reforzado. Estamos ante una Manic Pixie transpersonal. Si la primera vez Sofi cambió la vida de Ian conduciéndolo al amor vincular, en su versión niña (la inmadurez típica del tropo se vuelve literal) sacude sus creencias y lo insta a reemplazar su paradigma epistemológico por uno más espiritual y cercano a la idea de un Gran Diseñador. Algo que el protagonista podría haber empezado a sospechar viendo que su nombre, Dr. Ian Gray, se parece tanto a Dorian Gray que no puede ser ninguna casualidad el hecho de que en su investigación tropiece con evidencia de la eternidad de las almas. El problema de esta película es que, sin ser mala (a veces hasta es interesante), su propio guionista no es lo suficientemente sutil como para crear un universo menos estereotipado o repetitivo. Y si de veras existiera uno en nuestro extraño mundo, con toda probabilidad tampoco.

Los tapices del reino

los tapices del reino

miren lo que ven
he aquí el reino
las praderas agrestes donde habitan las hadas
la abundancia absoluta
la sequía

miren la sombra de la rata
que acorralan los cuervos
y detrás
la corteza imponente
del roble que ha servido
con sonrisas altísimas
a las grandes familias
de la fauna arborícola
mientras alas y garras
diseminan
sus modestas bellotas

ni la cabra más ágil va a trasponer las cercas
de este edén milenario

afuera
en la noche que aúlla muerte y frío
se cuece la existencia
como siempre

aquí el reino
aquí el trono
entre las nubes ángeles
entre las hojas ninfas
entre rocas demonios
que nos vuelven
mutables
aquí el hombre
que cumple su jornada
vital

al llover
tantas joyas se tejen en los aires
como un manto imperial
y cada gota
repite en miniatura
el escenario fugaz
que la circunda

así también nosotros
somos parte del reino

en ese charco abrevan las luciérnagas
en aquellos maderos
dos amantes se enlazan
los panaderos vuelan
sin pensar en el peso del deseo
que les hemos cargado
suplicantes

de cardo a cardo
se trenzan las delicias
y en cada huevo
anida el desamparo

esto dice la lluvia
en aria permanente

miren sus ojos múltiples
desde sus ventanales
alcen la vista al reino
bajen la vista al trono

las enredaderas crecen hacia el sol
y el granizo devasta los sembrados
y el viento del sudeste disemina las tejas
de las casas del pueblo

con la hebra preciosa
de las cifras
los algoritmos mágicos
de la naturaleza
se han urdido las telas
pergaminos
tapices de tapices
cabelleras
florestas
estructuras neurales
en un nudo
que narra
la única aventura
de la hebra

miren lo que ven
no con otra cosa
engalanamos
los castillos
que nos sirven de celdas

Rita Gonzalez Hesaynes

Adictos a las formas

En el desayuno hablábamos con Gonza sobre los patrones de la música pop (que incluye al rock como lo conocemos). Él decía que, exagerando un poco, hay 5 o 6 variantes armónicas de estribillos que se repiten con diferentes sonidos en la gran mayoría de las canciones comerciales. Que la música radial suele tener estructura de jingle, que reduce a su expresión mínima (a unas pocas notas) un camino de centro, tensión, descanso que, en una obra clásica, por ejemplo, llevaría un kamasutra de muchísimas notas más.

– Las notas en sí son las mismas. Pero al cerebro humano lo conmueve la variación de las texturas.
– La literatura lleva haciendo eso miles de años.

¿Exageraba? ¿Estaba siendo injusta? Al fin y al cabo, un chiste al estilo de “entra un gallego a un bar” no es mucho más que eso.

Gonza se sentó al teclado a jugar un poco tocando distintas canciones con el mismo patrón armónico.

– Como el estribillo de With or Without You, con esas notas hay miles de canciones.
– ¿La de Pachelbel? El Canon.
– Claro. Siempre es la misma canción.
– Pasa con cualquier arte, con todo lo formal. Con las formas mismas. Por eso le puse la frasecita de Zeppelin al blog: The song remains the same.

Pasa un rato, me pongo a leer un poco (lo poco que puedo entender) sobre química biológica. ¿Por qué los opiáceos son capaces de unirse a los receptores de endorfinas (que actúan aliviando el dolor y nos provocan sensación de euforia), replicando su efecto de bienestar? Porque la estructura de la molécula de morfina, por ejemplo, es similar a la de la endorfina misma. Y en ese punto en que la morfina se parece a la endorfina, logra unirse al receptor de endorfinas. La sensación de bienestar deriva de esa coincidencia, esa mera forma que se replica.

Lo mismo con el arte: tensión y descanso, clímax y desenlace. Estructuras convencionales que se repiten sin cesar y que se adhieren a nuestros “receptores estéticos”, cultural –pero también biológicamente– moldeados. Después encontramos y hasta necesitamos sofisticaciones de la fórmula: queremos esa droga formal en una versión más compleja, que la danza incorpore tales o cuales arabescos, que la recompensa sea inmediata o, todo lo contrario, que sea demorada, o bien que nos engañe y la tan deseada conclusión nunca llegue.

Lo mismo con este día: una idea similar enfundada en dos texturas diferentes, las artes, la química del placer. ¿Son realmente similares o soy yo que busca las semejanzas? ¿Hay tanta diferencia entre ambas respuestas? ¿Hago foco en la molécula o en el receptor?

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Orillas, antología poética argentino-española

Me acabo de enterar que recién salió la antología de poesía compilada por Pablo Romero y Rosa Berbel. Se llama Orillas y reúne poemas de autores españoles y argentinos. ¡Y hasta estoy yo! Les agradezco mucho el trabajo realizado y, en particular, que se pueda leer y descargar gratuitamente.

Lectura online: https://goo.gl/Zt49P2
Descarga: https://goo.gl/qoazY6

ESPAÑA: Carlos Catena Cózar · Aurora Munt ·Annie Costello, Irati Iturritza Errea · María Schmetterling · Laura Márquez Bono · Myriam Seda· Rocío Torres · Helena Tramunt.

ARGENTINA: María Florencia Rua · Jesús Borda-Irala · Rita Gonzalez Hesaynes · Valentina Nicanoff ·Rocío Torkar · Priscila Vallone · Lucía Santillán ·Agustín Mazzini.

Ilustración de portada: Miguel Rual.

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